“Hazlo como buga”


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Teníamos expectativas. Todo porque mi madre nos dijo” de verdad vale la pena, yo lloré”.

Encontramos la oportunidad y compramos nuestros boletos. Al entrar a la sala vimos que a dos filas adelante de nosotros se encontraban un grupo de machos alfa a los que quizá incomodarían nuestros besos o de quienes quizá yo me podría incomodar al escucharles gritar un “¡qué puto!” mientras alguna escena entre dos hombres sucediese.

La película comenzó. Debo confesar que el título nunca me gustó, “Hazlo como hombre”… Otro ejemplo más para hacer valer la supremacía masculina heterosexual pensé, pero varias personas nos dijeron que la película “tenía mensaje”.

“Puto, anormal, maricón, te la voy a meter y ponte arena para que sientas lo que se siente que un hombre te la meta…” No, no estoy poseído por un demonio iracundo, esas son algunas de las palabras que componen los diálogos en los primeros minutos de la cinta. Todo para ponernos en contexto de el tipo de macho, homófobo, misógino y discriminador del personaje protagonista.

“Hazlo como hombre” cuenta la historia de tres amigos, Raúl, Santiago y Eduardo, de esos de toda la vida, de esos que se conocen desde el jardín de niños. Tras la abrupta salida del clóset de Santiago, Raúl queda impactado y entra en una etapa de duelo para despedirse de la imagen que tenía de su amigo como un macho alfa más de la manada. Eduardo, por su parte es ese personaje que genera el contrapeso y comprende de inmediato la situación de Santiago. Ante este panorama debemos agregar que Santiago está a punto de casarse con la hermana de Eduardo y por tanto decide terminar la relación antes de llegar al altar, pues se ha dado cuenta que lo suyo, lo suyo, no son las mujeres.

Una novia en cólera y un mejor amigo dispuesto a “curar” su homosexualidad son ahora los dos enemigos de Santiago. Mientras tanto, él empieza una nueva vida, conoce en Grindr a un chef de moda y comienza una relación con él. Hasta aquí todo va bien. Los primeros minutos de la película ponen en contexto todas y cada una de las frases que cualquier persona, homosexual o no, ha escuchado. Desde las teorías de que alguien nos pudo haber pegado lo gay, hasta los supuestos de que a partir de la salida del clóset cualquier vestidor de caballeros del gimnasio es la trinchera perfecta para violar a un amigo descuidado que se agacha por el jabón. Todo esto aderezado de más “puto”,  “te la voy a meter”, “seguro quieres que te la metan”, étc., étc.

La historia y los diálogos de la cinta nos dejan entrever a personajes con toneladas de desinformación sobre la homosexualidad, prejuicios y frases cotidianas que normalizan la burla de todos los días de “los jotos”. Si bien, personajes como la novia de Raúl o el mismo Eduardo son los que en cada intervención tratan de poner las cosas en claro de que “no está bien discriminar a Santiago por ser gay”, el mensaje termina siendo muy confuso. La anécdota es clara y predecible, y no lo digo como un juicio ni es el hilo negro, es parte de su naturaleza dejar en claro desde el inicio saber que todo apunta hacia la reivindicación e inclusión del amigo gay.

Después de los primeros 20 minutos de la película ya no era tan entretenida, debo confesar que al momento no supe por qué, y fue hasta que salí de la sala que entendí que realmente me molestó que toda la historia se dice una y otra vez que es la penetración anal el principal legitimador de la supremacía del macho heterosexual.

Pasan los minutos y la historia sigue su curso, Santiago y Raúl toman distancia por la actitud homófoba de éste y como en todas las comedias románticas llega el momento de la reconciliación. Es ahí donde explico lo de la supremacía. En la escena vemos a Santiago ante su televisión jugando PlayStation y a Raúl frente a la suya haciendo lo mismo. Los dos en su casa, en actitud de “Oh, cómo quisiera que mi amigo estuviera aquí, si no fuera porque nos peleamos…”. Sin contar mucho diré que es ese momento de la película donde los dos están en su actitud de “la vida no vale nada” y casualmente se encuentran, esta vez a través de la plataforma de multijugador, aceptan la invitación para tener una pelea en estos juegos de combate, el encuentro en línea de los dos amigos es el pretexto para pedirse perdón y jugar una vez más, como lo hacían antes.  Aquí, a través de los audífonos,  mientras juegan sin hacer mucho caso a la pantalla, es donde llegan esas frases de “te extraño amiguito, perdoname por ser así… ya me di cuenta que eres bien chido”. La escena termina cuando Santiago (si, si, el chico gay) acepta las disculpas del amigo ex-homófobo arrepentido y al ritmo de la música melancólica de la película le dice “Este putito te la acaba de meter otra vez”, mientras vemos cómo acaba de ganar la pelea en PlayStation.  De verdad no entendí el peso dramático de la escena. Por más que se nos haga común jugar y bromear con que “el que la mete” es el chingón, lo único que hacemos es darle peso a ese discurso de la supremacía que les mencionaba.

Después de eso, la belleza continúa. A cuadro donde Raúl y Eduardo, los amigos heterosexuales, están por comenzar una cascarita de fútbol, pero esta vez Santiago no los acompaña, en su lugar un personaje con “brazos de tiranosaurio rex” taratará de meter los goles, los amigos machos se miran a los ojos y se preguntan cómo podrán ganar el partido si en su equipo está ese imbécil. Sin esperarlo llega Santiago y lo miran sonriendo, se dicen algo así como qué bueno que veniste, no los iba a dejar perder, y ahora los tres reunidos nuevamente mencionan que hubiera sido imposible ganar ese partido con ese “retrasado mental” (el de las manitas de dinosaurio). La moraleja de la escena es tan explícita que incomoda, mejor puto que retrasado.

Ya ahí rumbo al desenlace, vemos escenas bonitas de cómo cada uno de los amigos tras la gran coyuntura del distanciamiento y la reconciliación retoma su vida.  Pasan los años y volvemos a ver a este trío de nseparables jugar al Playstation una pelea más al estilo Mortal Kombat, esta vez acompañados del nuevo novio de Santiago. Se vuelven a decir “Puto” y aluden a este bonito acto de “meterla” y que te la metan. Todos ríen, son grandes amigos. Han superado que Santi es gay.  Si la historia tiene segunda parte seguirán riendo en intimidad porque es ese terreno de la penetración anal donde queda clara la supremacía del macho heterosexual y es válido reírse del que está abajo, del sometido, el afeminado, el sacatón, el que no puede, el maricón pues.

Con una intención clara de romper clichés “Hazlo como hombre” se ha convertido en las últimas semanas en una de las cintas más taquilleras del cine mexicano en el 2017. Aplaudida por los medios de comunicación y las redes sociales, parece ser un intento por incluir en la agenda la normalización de la comunidad gay, atención, sólo dije gay, porque ni de chiste  llegamos a las demás letras de lo LGBTTTQI. Si la intención de la película es justo esa, normalizar, romper clichés y estereotipos, podemos atribuirle entonces la responsabilidad de exponer como conclusión que reírnos del “puto” sigue estando permitido, porque ya lo aceptamos y recibimos a su novio en nuestra casa.

El terreno de la burla y la comedia son totalmente distintos. La historia podría tener todo el potencial para poder aprovechar la risa como catalizador y punto de encuentro para reflexionar en cómo pensamos y percibimos al quien es diferente, en cómo nos relacionamos y dirigimos hacia él. Lamentablemente se queda corta y por mucho, porque es justo en el clímax y el desenlace donde se vuelve a perder lo elemental, la oportunidad de incluir con todas las letras de esa palabra. En conclusión tenemos una película perfecta para el “buga” homófobo que cree que acepta y que se ríe de cuando en cuando con su tono camuflado superioridad mientras dice  frases sueltas como “¿Ustedes los gays…  cómo le hacen cuando…?”

 

 

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Recomendaciones para solteros en Netflix


A veces la vida es triste cuando no se tiene con quién compartir detalles de ella. Un domingo sin tener con quién hacer cucharita o ir a la plaza a dar vueltas, ser soltero a veces es muy triste. Me dí a la tarea de clavarme en Netflix para recomendarles algunas series o películas que hablan de esta terrible sensación y cuyas historias son muy buenos referentes para hacer este trago menos amargo, aquí el vídeo.

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“No es de la realeza pero tiene la belleza”


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Hoy es un cliché decir que “ha cambiado la manera en la que consumimos televisión”, pero no encuentro una manera mejor de decirlo parafraseando eso de: Ya no vemos lo mismo que hace 10 años, o al menos no de la misma manera. Caminar por un centro comercial y detenerse en MixUp en la sección de películas y series es cada vez más como ir a una tienda de antigüedades donde siempre termino con la misma letanía en la cabeza:

¿Realmente necesito la caja y el disco? Está en Netflix (O Spotify en si es un disco). Quizá la veo este fin de semana y ya, la agrego a MI LISTA, suficiente. Si, eso es lo más cercano a comprar el DVD (Por que aún no tengo Blu Ray). Un momento, quizá esta serie vale tanto la pena como para tenerla de recuerdo en un estante. Si… A ver cuánto cuesta… Ay no. mejor no, la veo y pues si no… la descargo en algún lado.

Me pasa igual tanto con la música series o con las películas. Quizá a ustedes no, porque si comprenden esta fascinación casi artesanal de futuros coleccionistas de objetos que seguramente en 10 años me arrepentiré de no haber comprado. Sin embargo, más allá de cualquier romanticismo, es obligatorio para todos diferenciar que hoy un gran número de las cosas que vemos son los contenidos que hacen feliz a la CFE, Telcel e Infinitum, porque no hay otra manera de consumirlos que conectados. En ese universo maravilloso conviven videobloggers y series exclusivas, cortometrajes, películas y animaciones, y entre todo eso habita una genialidad hilarante titulada “Ana, La Chica Bolera”, una  webnovela que burla los estereotipos y presenta un claro ejemplo de cómo han cambiado los contenidos o mejor dicho cómo el Internet es el espacio ideal para que esto suceda.

Para no cometer errores en la descripción permitiré que el vídeo de WebNovelas, la productora,  hable por sí solo y le explique cómo es el universo de esta divertida serie que se ríe de las convenciones y las historias tradicionales para apropiar un discurso propio que promete una risa honesta ante un sarcasmo que a los cinco minutos ya parece natural.

La austeridad, el ingenio y la creatividad son los principales ingredientes de este fársico melodrama que se apropia del imaginario popular para llevarlo al extremo. Un sinfín de referencias llegarán a su cabeza como María la del Barrio, Sex and the City, México’s Next Top Model, El Mago de Oz, el programa Hoypor mencionar algunas.

Tomó 3 años terminar la serie de 25 capítulos que hoy se encuentra completa y disponible en YouTube. Quienes la descubrimos hace algún tiempo, teníamos que esperar semanas o incluso meses para ver un nuevo episodio, eso sí, cargado con nuevas ocurrencias, efectos especiales y actores invitados como La Vogue, La Prohibida, Mara Patricia Castañeda, Álvaro Cueva, Eduardo España, la mismísima Laura León, entre muchos otros que hacían de la espera todo un agasajo.

La anécdota es muy sencilla, Ana la Bolera es una chica pobre de vecindad criada por su abuela porque sus padres la abandonaron de pequeña. El destino la obligará a conocer por accidente al bombón de Eduardo Santiago Monasterio, hijo de La Doña Gran Hortensia Monasterio, una popular diva mexicana maldita hasta las entrañas que al enterarse entera del gusto de su hijo por la “maldita rupestre”, apodo con el que se dirige a la protagonista, buscará hacer hasta lo imposible por impedir su relación. La maldad no termina ahí, Hortensia será apoyada por Felicia Palomares, una chica pobre con aspiraciones económicas de alta trepaduría que luchará por conseguir la herencia de los Monasterio, ganándose el corazón de Eduardo Santiago.

A lo anterior agréguele que, como bien lo explica el vídeo, todos los personajes son interpretados por un elenco masculino base, es decir que los nueve o diez actores que conforman a los roles clave de la pieza, también fungen como secundarios. Por ejemplo, en una escena usted conocerá a Azúcar, la mejor amiga de Ana, que es una mujer de la vida galante sensual y guapachosa, mientras que en la siguente, el mismo actor interpreta a Verónica Jones López una afamada modelo que conduce un reality show en el universo de esta historia. Algo muy importante y plausible de todo esto es que en ningún momento se cae en el cliché gay, la historia camina tan bien por sí sola que al pasar los primeros 5 minutos uno deja de pensar en que tod@s son hombres y entra directo a la convención, incluso cuando la antagonista tiene barba.

En esta precariedad de recursos económicos, el equipo de Webnovelas (conformado por amigos que pasaron de un mero hobbie a verse obligados a sacar adelante una historia aclamada por miles de espectadores) logra maravillas y aprovecha cada momento. En algún viaje que realizan a Nueva York, meten a las maletas el vestuario y la cámara para grabar una mini-escena en Times Square que podría considerar una de sus mejores puntadas, cuyo chiste no pienso quemar por aquí.

Esta fórmula de producción no es cosa nueva, pues ya desde 2011 el equipo liderado por Edurardo Soto, estrenó La Bastarda éxito web que le abrió paso a la chica bolera. Por alguna extraña razón ya no se encuentran los capítulos disponibles en YouTube, pero sin duda dicha joya fungió como trampolín para este grupo de amigos quienes comenzaron todo como un juego para burlarse de gran pilar de nuestra amada y elocuente televisión mexicana: las telenovelas.

Si usted espera una historia que lo atrape por la calidad de su producción y el nivel actoral de sus protagonistas, esto no es una opción, pero si lo que busca es entretenerse con el absurdo y la genialidad de una farsa/homenaje al melodrama televisivo la opción es la correcta. El final lo conocemos todos el cómo se llega a él es lo más interesante.

Otros datos importantes

El éxito ha sido tal que el estreno del capítulo final que se publicó el 6 de junio fue proyectado el mismo día en la Cineteca Nacional dentro del marco del Festival MIX de Diversidad Sexual en Cine y Video.

Ayotzinapa y el 2 de octubre


Pues nada, después de un largo tiempo de ausencia decido regresar. ¿A qué? No sé exactamente, pero haré mi mayor esfuerzo por entretenerle mientras se da el tiempo y la delicadeza se seguir estas líneas. Lo que si aseguro es que dentro de las próximas entregas, al igual que antes hablaremos de teatro, quizá televisión, política, entretenimiento, redes sociales e increíbles descubrimientos de la vida.  Lo que sí es que ya desde hace varios meses entro en esta necesidad de volver a escribir, plantear posturas y debatir con ganas.

Debo confesar que en algún momento me llegué a sentir desarmado. Corrijo, me siento desarmado. ¿Qué pasó exactamente? No sé. Y quizá ese será mi primer tema, sin el más mínimo afán de agarrar esto de terapia, quisiera preguntar por ahí al querido lector si en algún momento ha dejado de sentirse capaz de debatir y entrarle como antes lo hacía. Y es que de pronto uno se enfrasca en todo y nada, uno tiene momentos donde le entra duro y tupido a hablar de lo que cree sabe “algo”, por mínimo que esto sea.  Me dejé de informar y me siento incapaz de hablar en ocasiones porque me falte conocer más lados de la moneda.

Hoy fue uno de esos días (y me apena un poco aceptarlo) en los que a través de Facebook me enteré de algo que no sabía que había sucedido, la desaparición y el asesinato de los normalistas en Guerrero. Leo párrafos enteros que explican que las víctimas luchan por un objetivo en común: “defender la educación pública en medio de las difíciles condiciones de las Escuelas normales Rurales, objeto de acoso estatal y federal durante décadas.” (La Jornada; Imanol Ordorika/Adolfo Gilly).

Abusaré de mi ignorancia para preguntar ¿por qué se desaparece a quien lucha por la educación?, ¿por qué se teme al conocimiento?, ¿por qué se sobrepone la ignorancia engalanada de violencia como prueba fehaciente de un poder vacío?, ¿por qué nos empecinamos en confiar en funcionarios vestidos de costosa corbata pero deficiente conocimiento?. Sigo leyendo y entiendo que, como todo en esta vida, hay poderes más complejos que uno no alcanza a dimensionar, que lo que sucede son señales, síntomas, puntas del Iceberg.

Sigo leyendo…, se habla de represión, desapariciones forzadas, narco policías, poderes corrompidos y omisiones del Poder Ejecutivo, de un PGR que no actúa a tiempo. Me detengo y recuerdo que justo el 2 de octubre por la noche escuchaba en IMAGEN una entrevista con uno de los estudiantes que estuvo en su momento involucrado en el movimientode 1968. El ahora adulto exitoso con una carrera alejada de aquel incidente que marcó una página en la historia del país, declaraba en su colaboración radiofónica que cada año se sobrevaloraba el 2 de octubre, es decir, quien se jacataba de recordar la fecha con la frase “no se olivda” estaba enfrascado en el pasado y no reconocía en el presente las grandes diferencias en materia educación y el acceso a ella. Minimizaba el hecho al afirmar que muchos de sus compañeros lograron superar el incidente y ahora tenían una vida profesional exitosa, e incluso dirigían grandes corporativos o asociaciones, es decir ya no vivían del 68.

De antemano ofrezco una disculpa porque me he pasado ya un rato mientras escribo esto buscando el audio o nombre de aquel ex líder estudiantil que hizo estas declaraciones que parafraseo con mi mayor esfuerzo.

Evidentemente el comentario de aquel hombre vuelve hoy retumbando a mi cabeza. Hablamos de los mismos temas en diferentes escenarios y circunstancias. No sabría yo precisar si más violentas y sanguinarias, pero vaya que no hay necesidad pues a estos niveles ya se han sobrepasado los límites imaginados.

“Entonces a los del tercer camión (que no habían bajado) los rafagueany los rodean. Después los encañonan y así los bajan. Los acostaron en el piso y se los fueron llevando en grupos. Sí los subieron a las patrullas”, remarca y repite como un mantra el listado de carros oficiales que han identificado.” (La Jornada, Paula Mónaco Felipe)

Si olvidáramos el 2 de octubre, podríamos olvidar Ayotzinapa, Atenco, Acteal, y así uno a uno todísimos los capítulos de nuestro Mexican Horror Story, estos que nos paralizan de tan solo imaginarnos tener el miedo, la impotencia y el dolor tan cerca. De pronto, podremos tranquilizarnos al recordar que vivimos en un estado tranquilo y merecemos estar bien, pero “no se olvida” que vivimos en el mismo territorio y aquí también suceden cosas terribles mientras uno duerme plácidamente. De pronto, prenderemos la televisión y veremos comerciales con una excelente narrativa que nos tentará a creer que todo marcha mejor, mientras escuchamos un fondo musical que indudablemente podría acompañar a una película de superación personal. Pensaremos en lo que nos merecemos y en lo que haremos: “Mover a  México”. Pasarán las semanas y podremos olvidar, aún cuando nuestros amigos activistas e indignados continúen informándonos  a través de las redes sociales de los avances en el caso, de las llamadas de atención de la ONU, de las perspectivas de la prensa internacional.

Muy probablemente dejemos de seguir a algunos para no enterarnos, muy probablemente olvidaremos y en unos años más al llegar el 2 de octubre, entonces nos congratulemos en decir “2 de octubre no se olvida”, porque irónicamente nos resulta más fácil recordar algo como un hecho histórico que un acontecimiento como este, que pone en entredicho que muchas cosas no han cambiado.

Regreso al inicio. Este padecimiento que hoy sufro, este de no sentirme con la capacidad de debatir, radica en que me he desconectado de un ejercicio tan simple al que antes dedicaba al menos 10 minutos al día: leer las noticias, enterarme aunque sea poquito, a conciencia, más allá de lo que uno escucha en los trayectos por la radio. Por tanto, a manera de autoregaño me digo: una medicina para no olvidar es informarse y buscarle, porque todo en esta vida, aunque creamos que no, viene juntoconpegado.

El efecto Epigmenio Ibarra



Todas las noches al llegar de mis labores me dispongo a apartar 45 minutos de mi tiempo para en encender mi computadora y sintonizar mi telenovela favorita. Cómo hemos cambiado, ¿Apoco no?

La culpa de esa mala costumbre de apartar mis pendientes para ver una novela la tiene Televisa, las cableras, pero sobretodo Epigmenio Ibarra. Mi historia de noveladicto comenzó el año pasado cuando un compañero de la universidad compartió un avance del primer híbrido de ficción para Cadena tres, la telenovela seriada: Las Aparicio. Eso es televisión, no chingaderas, pensé.

Mirada de Mujer

Seguramente usted, querido lector, sabe o ha escuchado mencionar el fenómeno que causó en su momento la telenovela “Mirada de mujer” protagonizada por un elenco pocas veces igualado: Angélica Aragón, Barbara Mori, María René Prudencio, Evangelina Elizondo, Plutarco Haza y Ari Telch. La producción estaba a cargo de la casa productora Argos liderada por Carlos Payán, Hernán Vera y Epigmenio Ibarra, un inteligente estratega mediático salido de las entrañas del periodismo social. En el 96, Mirada de mujer transgredió las más delicadas fibras de la narrativa televisiva gracias a su abordaje real de una sociedad contemporánea, y lo mejor, a través de la señal de Televisión Azteca. Sin embargo, tal y como sucede en la cenicienta, la carroza se convirtió en calabaza; cinco años más tarde del boom de Mirada de Mujer, las telenovelas “contemporáneas” fueron desapareciendo. Las razones no son difíciles de descifrar, el impacto económico de las historias en su comparativa con los grandes cuentos de Romeo y Julieta, Cenicienta y Blanca Nieves, a los que la audiencia mexicana ha estado acostumbrada por décadas.

Protagonistas de Las Aparicio

14 años más tarde, Argos resurgió en la programación televisiva. Su alianza con el canal de televisión de la familia Vázquez Raña, Cadena Tres, marcó su regreso definitivo a las telenovelas con distribución nacional y en señal abierta para el centro del país. Las Aparicio presentó en el 2010 la historia de una familia de mujeres que cargan con una especie de maldición, la muerte de sus esposos. Una vez más, la narrativa marcó la diferencia: Aurelia, la nana, relataba capítulo a capítulo la historia de la familia por medio de metáforas tan comunes como la vida misma. Sexo, política, amor, poli amor, diversidad sexual, paternidad, pero sobre personajes complejos, configuraron los 120 capítulos de la teleserie. Pero ¿Qué diferenciaba a Las Aparicio del resto?, la respuesta va más allá de los convencionalismos económicos: las redes sociales y el flujo constante de comunicación por parte de la producción de Argos (actores, productores y escritores) con la audiencia.

Epigmenio Ibarra

El equipo de Epigmenio Ibarra dio en el clavo que muchas producciones televisivas nunca pudieron encontrar: una trama exquisita, llena de prejuicios y tabúes listos para ser analizados y destruidos por medio de la ficción. Me explico, en Las Aparicio conocimos a Julia, una joven que asume su preferencia sexual lésbica a través de errores y aciertos, después enamorarse de “un futbolista aspirante a Pichichi” y darse cuenta que el verdadero amor estaba en su amiga de la infancia, Mariana. Temas que hoy para muchos resultan controvertidos y polémicos, mientras que para muchos otros no son sino el pan de cada día, el afrontarse a una sociedad prejuiciosa que no ve más allá de los convencionalismos sociales. Dudo que existan razones mayores para que los temas se aborden con una perspectiva distinta, más humana y porqué no, más aterrizada al terreno social, sino porque el equipo Argos comunicación es dirigido por periodistas (Ibarra y Payán) que en los noventa se adentraron en las fibras más delicadas del conflicto zapatista, que nos guste o no, genera en los productores un motor para juzgar y criticar a una sociedad tan compleja como la mexicana. Epigmenio, además de escribir semanalmente en Milenio y criticar las maneras de Felipe Calderón, es padre de familia de tres chicas artistas, Erendira, Camila y Natasha, esta última guionista, abiertamente lesbiana que  directa o indirectamente colabora con el toque diverso  y real del ser gay en México.

El triunfo del amor.- Televisa 2011

Del otro lado del zapping Las telenovelas de Televisa y Azteca siguen presentando historias llenas de estereotipo, con la diferencia de que introducen algunos temas de impacto social como aborto, homosexualidad, renta de vientres, entre otros, pero en su mayoría con posturas moralistas. Los personajes siguen conteniendo una estructura tan clara y tan católica de ser “buenos o malos” que las historias se demeritan capítulo a capítulo. No vayamos tan lejos, basta con ver títulos como “Triunfo del amor” donde el personaje principal tiene un nombre tan provocador que hasta ternura y piel chinita genera: “MARÍA DESAMPARADA”

La realidad del contenido de ficción mexicano es ambivalente, por un lado contamos con producciones dignas de exportación a cargo de Argos o Canal Once, mientras que por el otro, seguimos escuchando la misma historia, refritos tras refritos y una ausencia terrible de contenidos originales. La invitación es a darle la vuelta al consumo y buscar producciones inteligentes para la televisión, aunque para muchos, muy a nuestro pesar no podamos ver “Cadena Tres” y sintonizar El sexo débil, actual producción de argos o simplemente poder ver CANAL ONCE del Instituto Politécnico Nacional desde nuestro sistema de cable, pero como diría la nana Goya, esa es otra historia.

Si desea ver los capítulos de alguna de las producciones de ARGOS , lo invito a que entre  a http://www.argostv.com

Rojo, amarillo y rosa: Los tres colores de las noticias


Lo que vengo a decir no es novedad alguna. Ni mucho menos una sorpresa revolucionaria.

Cada mañana, al desayunar, veo la televisión pequeña de la cocina, esa que no figura en el imaginario de la 2.0 por su tamaño y pantalla de vidrio con imágenes en blanco y negro, y sintonizo algún noticiero. Si no es Loret, es Villalvazo, Latapí, Fernández, o cualquier otro hijo de vecino que se atreve a dar noticias por televisión.

Pablo Latapí al frente de Info 7 Jalisco

Pablo Latapí al frente de Info 7 Jalisco

¿Por qué digo que hijos de vecino? Por que realmente cualquiera de ellos se atreve a juzgar sin conocer al más indefenso individuo, que por motivos desconocidos comete delitos menores. ¿Quién dijo que el periodismo necesita de héroes y villanos? A lo que seguramente uno de ellos contestaría algo como ¿Quién dijo que no?. Cada mañana Pablo Latapí en su espacio noticioso INFO 7 JALISCO presenta su sección estrella: La galería de los malandros, en ella el conductor se convierte en juez y parte de la actividad nocturna de los separos de la Zona Metropolitana de Guadalajara, no hay delincuente que escape del sano juicio del periodista quien sin que nadie le hubiese preguntado, ataca la reputación de aquellos “malandrines” que hacen “fechorías” en la ciudad. Televisa por su parte nos presenta cada mañana Las historias de la noche, sección que presenta al reportero madrugador como un agente del FBI versión GDL como cortinilla de entrada. Accidentes, robos, incendios y curiosas historias que se disfrazan de información con el objetivo de marcarnos una agenda diferente. ¿Realmente lo único que sucede en Guadalajara son atracos nocturnos? ¿Estamos sumidos en los accidentes automovilísticos? ¿Vivimos en una ciudad peligrosa después de las 10 p.m.? De la percepción a la realidad hay un paso: la información a través de los medios.

La dinámica del periodismo local, en cuanto a televisión se refiere, está plagada de notas policíacas y rosas, como si lo único que pasara en la Zona Metropolitana de Guadalajara fuesen choques automovilísticos, sangre, robos de bolsos y señoras de la tercera edad que agonizan porque su hijo no le da de comer. Es tanta la importancia que tiene para la comercialización de los espacios noticiosos la nota policiaca, que minutos y bloques enteros son utilizados para la difusión del ejercicio amarillista.

televisagdl.tv

Conductores de Noticieros GDL

Los noticieros de televisión locales no son más que el reflejo de lo qué sucede en las pantallas donde aparece Loret de Mola, López Dóriga, Alatorre y Villalvazo; ejercicio periodístico que responde a estructuras muy bien articuladas de comercialización y espectáculo. El noticiero se ha vuelto un espacio para entretener más que informar, un espacio donde para tener éxito, no solo basta con los malandros de la noche sino hay que llegar al corazón del espectador tocándole las fibras más sensibles a la población relatando la última pieza de los hechos, donde se cuenta qué hacen los panaderos para ayudar a Doña Chuy, la vecina del 32 que sufre insuficiencia renal: historias bonitas que tienen forma sin fondo. Tengo que aclararle, mi muy estimado lector, que la historia de Doña Chuy es un invento mío pero no dista mucho de la realidad, pero en fin, todos los temas conviven en los noticieros, siempre es bueno un balance ¿o no?

Si es necesario me culpo, por defender lo indefendible, por creer que los medios deben dejar de señalar a la señora que robó un pan en la tiendita de la esquina para fijarse entonces en las limpias almas de la corrupción del país, en la cruda vida política, en las reformas pendientes, el arte, la cultura y en el verdadero deporte.

Interconexión en 10 minutos


La controversia política generada por la interconexión de las telecomunicaciones en México es un fenómeno que se presenta como la oportunidad perfecta para analizar la situación actual de ley federal de telecomunicaciones.

¿Qué es la interconexión?

En telecomunicaciones, la interconexión es la vinculación de recursos físicos y soportes lógicos, incluidas las instalaciones esenciales necesarias, para permitir el interfuncionamiento de las redes y la interoperabilidad de servicios de telecomunicaciones (ALEGSA, 2011). En el caso mexicano, las tarifas de interconexión se refieren a la cuota que pagan las empresas de telecomunicaciones a la grande de la telefonía de Slim para que a través de la red de Telmex puedan ellos ofrecer sus servicios.

El conflicto comenzó por allá del 2006, cuando la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCyT) emitió el Acuerdo de Convergencia que proponía un esquema regulatorio para la prestación integrada de servicios al público, mejor conocido como Triple Play: Cable, teléfono e Internet. El acuerdo fue cuestionado por prohibir la prestación de servicios de televisión restringida a Telmex y el derecho al resto de los concesionarios de redes públicas de telecomunicaciones para prestar todos los servicios técnicamente factibles. Años más tarde, la filial del ingeniero Carlos Slim, comenzó a ofertar servicios de televisión que, aunque no pertenecen directamente al multimillonario, se ofrecen a través de las tiendas Telmex y con cargo al recibo telefónico.

Yoo, el enemigo de Telmex

En Mayo de 2009, Grupo Televisa y Megacable sacaron a la luz pública su nueva estrategia de mercado en televisión restringida: YOO. Iniciando en Guadalajara, Ciudad de México y Monterrey, Yoo se presentó como la propuesta de triple play digna de competir con los servicios de Slim a través de ofertas como la de un paquete básico que incluye 40 canales de televisión digital, Internet (1 MBPS) y un plan residencial de telefonía por $38.00 USD al mes. La decisión de los dos conglomerados dominantes en la TV por cable mexicana obedece a la estrategia trazada en los intestinos de la Cámara Nacional de Telecomunicaciones por Cable (Canitec) de México para enfrentar a su gran enemigo, Telmex. (Todo TV News, 2009)

2011 fue la fecha para que Carlos Slim decidiera retirar sus anuncios publicitarios tanto de Televisa como de Televisión Azteca luego de que las fricciones políticas por el tema de la interconexión llegaran a cimbrar en la incomodidad del Ingeniero. La discusión se centraba en que las empresas de telefonía que coexisten en México exigían un precio de interconexión más bajo que el actual, porque éste no les permitía ofrecer un servicio de calidad.

Al respecto, el senador Javier Corral afirma que los competidores de Slim sólo se aparecen en los grandes mercados urbanos que él abre, desarrolla y consolida con su inversión e infraestructura, pero en la otra mitad del territorio nacional que incluye hasta bosques y selvas, el interés por la inversión y la competencia desaparece (Corral Jurado, 2011). Es necesario aclarar que no existen instituciones reales que regulen las operaciones y tarifas de la interconexión en busca de un servicio y precio justo que beneficie al consumidor, por lo que el pleito entre empresarios no es más que una lucha por el hueso más jugoso. Los contrincantes principales quedan claros a simple vista: Televisa, quien busca descalificar los servicios de Telmex para ganar terreno a través de su estrategia “Yoo” y Telmex, quien pretende entrar al mercado de la televisión restringida consolidándose como “Carrier de carriers”.

La desaparición de Telmex y Telcel de las pantallas es quizá una de las acciones más complejas de la estrategia del grupo Carso por ganar la batalla. El silencio en la pantalla implica la libertad por parte de las televisoras de atacar a las telefónicas, ahora sin el derecho de réplica. Grupo Carso, por su parte, explota sus propios medios como Prodigy MSN para hacer llegar mensajes claros sobre su postura contra el duopolio televisivo, quién no le permite entrar al negocio de la pantalla chica.

Si observamos el plano general podremos revisar cómo el pleito realmente está en la defensa propia de cada monopolio por su mercado y la negación absoluta por permitir al otro competir dignamente. Televisa y Tv Azteca quienes pretenden mejorar la oferta de telefonía y hacer valer su presencia en las pantallas, y Telmex/ Telcel que por medio de las tarifas de interconexión niega la libre competencia y suplica su entrada al mercado de la TV de paga para no perder más clientes. El ejército televisivo parece predominar, al tener poder de convocatoria con las demás empresas de telecomunicaciones como Iusacell, Nextel y Axtel, que alzan la voz para declararse en contra de las “prácticas monopólicas” de Telmex.
Según la agencia de consultoría MediaTelecom, una interconexión justa no es posible mientras el Estado no obligue a los operadores a invertir en infraestructura de redes. Sin embargo, es lícito y natural que los operadores defiendan sus intereses, pero no existe motivo para desinformar a la opinión pública con argumentos y estrategias mediáticas que contravengan en la transparencia. (Media Telecom, 2011)

Nos encontramos ante un panorama complejo, en el que grandes monopolios se pelean por la supremacía de su nombre en las ganancias económicas, sin embargo, no podemos dejar gran parte de la responsabilidad de que este tipo de pleitos tengan lugar en la agenda política nacional se debe a la ausencia de una ley de telecomunicaciones que regule las concesiones, permisos, tarifas y formas de operar de las grandes empresas como Telmex, Televisa, Tv Azteca, Axtel, etc. Mientras no se logre un acuerdo legislativo que se separe a los intereses económicos de los empresarios de la telecomunicación de los beneficios de una oferta competida y justa para el consumidor, la situación difícilmente cambiará de tesitura.

Hoy Iusacell forma parte de la estrategia de Televisa por ganar la guerra de la interconexión, al igual que sus comerciales que “delatan las irregularidades e inconformidades de la sociedad con el territorio TELCEL/ TELMEX”. Mientras tanto, el ingeniero Slim Helú pretende el desarrollo de una estrategia comercial que incluye la presencia de su imagen en eventos deportivos como el futbol, en los que será prácticamente imposible que su logo no aparezca si viene portado por los jugadores de los equipos más importantes de la liguilla.

¿Qué sucederá? ¿Quién apuesta más? ¿Quién se perjudica más?

Usted opine.
Bibliografía

Corral Jurado, J. (13 de Marzo de 2011). Pleito intermonopólico: El estado ausente. Recuperado el 28 de Marzo de 2011, de La voz de Juárez: http://lavozdejuarez.com/26497/pleito-intermonopolico-el-estado-ausente/

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