La lista incómoda que lleva tu nombre

Podría enumerar los detalles que en tan poco tiempo alcancé a detectar de ti.  O de tu,  como te gusta escribir tiernamente. Prefieres los monitos en la pantalla a las palabras que salen de tu boca,  quizá porque esas cuando se entonan comprometen.  Aún así muy de vez en cuando en tu lenguaje primitivo emocional salía una que otra frase que denotaba el avance de alguien que se va dejando sentir.

Podría decirte cuánto amas la comida y odias la cebolla cruda. También hablar sobre tu manera de dormir y acaparar todos los espacios de la cama. Tu respeto por el sueño es de esos incómodos para los noctámbulos como yo.

Tengo grabada tu obsesión por pasar la mano por tu cara, rascarte los ojos, como teniendo sueño, un curioso tic que entendí más tarde que nada significaba. 

Disfrutas mucho de estar solo y hacer así tus cosas, aunque odias el frío y suplicas los abrazos. En cada súplica no puedo negar que me partí.  Quizá mal interpreto pero amas que te aprieten fuerte y que constaten con ello cuán increíble eres.  Maldigo tanto a quien te hizo creer lo contrario. Además abrazas rico.

Podría enfrentarte al indagar sobre cuatro frases que salieron de tu boca esa noche.  Cuatro que dudo ahora que siquiera recuerdes. Eres de esos que odias las promesas porque sabe que cumplirlas implica dedicarse a soltar el cuerpo y dejarse llevar.

También eres de esos que cuando se deja llevar sorprende al otro porque parece haberse aventado al vacío.  El problema es el arnés que casi al topar con suelo te detiene de golpe y te regresa al sitio donde todo comenzó.

Agradeces los detalles, aún los más simples. Y lo haces de manera genuina. Así como cuando quieres consentir a alguien que lo haces a manos llenas. Está en tu naturaleza. Dar,  dar y dar. Aunque te hagas el fuerte lo haces.

Curiosamente me acostumbré a hacerme a la idea de no evocar frases completas que te sacaran de tu centro.  Aún así dije dos o tres que nublaron tu insistencia por avanzar y fingir que nada te vulnera.

Te vi avanzar y dejarte caer,  lo vi en cada cosa que semana a semana ibas haciendo un poco más. Detalles inútiles a los que inútilmente les agregue un valor. Era como ponerte en la frente una estrellita.

Para ti el mañana no existe,  al menos eso aprendí yo.  Un “nos vemos mañana”  no es más que una falsa promesa que dices con tanta sinceridad que se vuelve riesgosa.

Al primer olfateo de peligro escapas dejando una barrera fría de rechazo para no verte vulnerable. 

Quisiera decirte que te quiero y no como una declaración de amor sino de empatía.  Me duele ver que alguien rechace sentirse bien cuando se le procura. Debo reconocer que lo está basado únicamente en mi percepción porque quizá solo me autoengaño u confundo señales de cortesía que no implicaron nada. 

Y con todo esto no espero que te culpes ni lamentes.  No quiero que asumas una molestia inexistente.  Espero no ofender en lo absoluto. Solo busco que te sepas misteriosamente comprendido por alguien que tuvo la fortuna de conocerte y fijarse en los detalles por alguna inexplicable razón.

Me quedo con los buenos ratos,  las charlas,  risas y disertaciones sobre el futuro y el presente de cada uno.  Me quedo con las ganas de ser realmente tu amigo y poder apoyarte cuando lo necesites,  aunque realmente no quisiera quedarme con ellas. 

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