Tapar el sol con un medio

Pasan los días y no me dejo de sorprender de lo que está sucediendo en el país. Cada día que llega nos presenta una nueva alternativa para generar debate y reflexión, y no sé si es mi estricto círculo reducido de contactos pero algo está pasando. Ese ‘algo’ se llama duda, preguntas, reflexiones, análisis. Hoy, a diferencia de muchas ocasiones anteriores, los mexicanos ponen el dedo en la yaga de las cuestiones más importantes, se indignan, se levantan y actúan para gritar ‘ya no soy un ciudadano pasivo’, y eso vale la pena reconocerlo.

Sea verde, rojo, azul o amarillo, los cuestionamientos sobre quién debería estar en el poder y quién debería alejarse de él, hoy se sienten más evidentes que nunca. Llegamos a ver en la juventud movilizaciones “orquestadas” estratégicamente para explicar que el sol ya no se puede tapar por un medio, un encabezado, una nota, un desplegado.

Vale la pena reconocer que esta duda que nos lleva a la movilización está fundamentada en hechos reales, en memoria, de esa que nos hemos vendido la idea hasta el cansancio que no tenemos. Sea Atenco, 55 mil muertos, Elba Esther o las facturas de comunicación social del Distrito Federal, los ciudadanos que exponen su descontento y refrescan la memoria de los que aún no despiertan al debate, complican la vida de los coordinadores de campaña y los encargados de la comunicación de los candidatos presidenciales: ya no es tan fácil. El público ya no está a modo, los medios podrán ocultar pero hoy los ciudadanos pueden registrarlo, compartirlo, organizarse y marchar.

Una marcha Anticandidato en cuya organización se hace estrategia de qué hacer en caso de ser atacado y cómo reconocer a detractores de la causa, no es otra cosa si no una prueba contundente de nuestro avance como ciudadanos organizados, ya sean 100, 1000 o 46 mil, pero simultáneos bajo una misma demanda: ¡No queremos a Enrique Peña Nieto en el poder!. Discúlpeme la redundancia, pero es totalmente de dejar que la piel se ponga chinita el saber que este tipo de mensajes ya no solo salen de los detractores recalcitrantes de un candidato, sino de los jóvenes que con documentos, análisis sobre el contenido de los medios y comparaciones con la realidad, cotejan una lectura más compleja que la de un simple mensaje ‘pinchurriento’ de campaña como lo que fue en 2006 “el peligro para México”.

Como bien dice una buena amiga, hay que prevenirnos de la desilusión y de las falsas creencias de que con un candidato de otro color, México va a cambiar, ahora sí. No dejemos de lado que las cosas ya están cambiando de color, temperatura y sabor, la gente se está levantando y recuerda ‘qué sucedió el sexenio pasado’.

Me queda muy claro que no hay manera de explicar qué es lo que sucederá el día de mañana, pero puedo sentirme tranquilo que hay una semilla plantada en el imaginario que comienza a germinar con más y más preguntas. La indignación y el repudio es una buena respuesta al cansarnos de ‘estar jodidos por los políticos’, hoy ese “estás jodido por que quieres” puede sonar como un aliciente para actuar y despertar.

Hoy, quiero seguir soñando en un México con electorados  informados más allá de La Rosa de Guadalupe, con estudiantes que se levantan, cuestionan e ironizan a juguetitos mediáticos en forma de candidatos, periodistas honestos, empresarios con conciencia social y propuestas de cómo comenzar a transformarnos en el ideal que, si bien no le encontramos forma aún, sabemos que queremos construir.

¡Gracias por hacernos reflexionar de que algo bueno está sucediendo! Sé que puedo sonreír al saber que más de alguno, sin tener grandes conocimientos sobre telecomunicaciones y monopolios, entiende que esta construcción de la agenda es posible por magnates intransigentes que solo buscan su propio beneficio y abusan de la ignorancia y el desconocimiento. Sé que no todo es color de rosa y que tampoco tenemos el cielo asegurado aún, que hay muchas probabilidades de que el primero de julio se concrete el primer paso de estos personajes para seguir abusando de su alto nivel de exposición. Está en nosotros no olvidar y seguir cuestionando, no dejar de dudar un sólo minuto que cada palabra que escuchamos de un candidato, un periodista o un amigo, debe venir de algún lado, ya sea de grandes ideales o de intereses que sobrepasan nuestros derechos como ciudadanos.

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