El lenguaje de las piedras (Sin pies ni cabeza)

El lenguaje de las piedras está y es para el macho la mejor forma de comunicarse en la manada. ¿Manada? ¿De qué mamadas estoy hablando?, esa sería la primera pregunta que haría para comenzar. Una disculpa a los pulcros ojos del lector, pero el estado que me trajo hasta ahora al teclado es de un desasosiego de sentimientos encontrados y desencontrados. ¿Quién soy para querer enfrentarme a un segmento social ‘marginado’? ¿Quién me dijo que no sería enfrentado con comentarios tan crudos como “es que tu si tienes dinero, nosotros toda la sema, de puro frijol”?, asumí que era un chiste, porque entre ellos rieron y su situación es precaria más no extrema, o al menos eso creo saber.

Llegamos a Lomas de Tabachines, por segunda ocasión “oficial”, esta vez mi tarea era acompañar a una de las integrantes a su trabajo para ayudarla en lo que se necesitara, mentiría si  les dijera que mi tarea  fue algo más que solo observar; y honestamente, mentiría también si no hubiera querido en más de un momento haber tenido alguna responsabilidad que me exentara de haberlo hecho. Dany, el Bambam, Johnatan, la Miriam, Karen, Brenda y algunos otros se hicieron presentes mientras la actividad dirigida a los niños se llevaba a cabo. Llegaron a “perturbar” el orden, o quizá a llamar la atención de nosotros, los extraños.

Intenté invitarlos varias veces al taller que el equipo y yo organizamos, con el que a través del teatro pretendemos trabajar con el tejido social y fragmentado de Lomas. de Tabachines Alguna vez me platicaron de lo útil que resultaban las piedras para los jóvenes, eran las armas de la pelea; nunca pensé que fueran tan comunes. Aventar piedras al cielo, o al aire con fuerza, intentando pegarle a aquél que va caminando, es costumbre y práctica rutinaria. El Dany le habienta una piedra al Bambám, el se la regresa y comienza la exhibición de golpes, todos ríen, por lo que se asume que esto es un juego. Justo aquí parecerá que estoy exagerando  porque aparentemente nadie buscaba sacarle el ojo al otro, pero la violencia está presenta constantemente como símbolo de amistad.

El pequeño burgués quedó asombrado sobre cómo las famosas e intangibles “reglas de convivencia social” pierden su vigencia en un entorno marginado, excluido y alejado de aquellas atenciones que el gobierno debió otorgar.  ¿Quién nos dice que la violencia no es natural? ¿Cómo se combate en un entorno resignado a la determinación del “nunca salir de ahí”?¿Cómo nace la agresividad? ¿Cuál es el verdadero motivador de demostrarle al otro que somos más chingones que él? La respuesta a estas preguntas, no pretendo tenerla, ni tampoco busco argumentar que solo van dirigidas a un sector específico, porque aún en los niveles de la alta sociedad burgués aplican palabra por palabra.

La resignación y apatía a los movimientos que promuevan el cambio es un factor constante que resulta del “nos mandan siempre a la fregada”. Son pocos los movimientos comunitarios activos en las colonias “olvidadas”.  Aquí los jóvenes son los protagonistas del barrio, aquellos que se movilizan por medio de las bandas, en pocas palabras: son los que provocan la acción, aunque esta no sea pacífica.

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