Vero, la reina de los niños


No es Tatiana, ni se parece, pero es la reina de los niños

Hoy tocó el turno de Oblatos, la historia se cuenta desde nuevas perspectivas, acá también hay bandas como Los Topos y sus descendientes los NT (Nuevos Topos), pero hoy no hablaremos de ellas sino de algo con mayor trascendencia humana, la Ludoteca de Doña Vero.

Vero, la reina de los niños. Foto: MariaJosé Martínez

Llegamos a la colonia Oblatos, una colonia más de las tantas que son desatendidas en la Zona Metropolitana de Guadalajara. El aspecto físico dista mucho de Lomas de Tabachines, acá si hay calles, carros y comercio evidente. Llegamos a una pequeña parroquia donde los estudiantes nos reunimos con algunos de los asesores y personas de la comunidad que compartieron sus opiniones sobre el trabajo social:

  • “No donde quiera uno hacer trabajo social se puede”
  • “Si uno no tiene la idea de creer que se puede transformar algo, nada se puede cambiar.”
  • Aquí los niños están faltos de cariño.

La última frase corrió a cargo de Vero, una mujer de apróximadamente 50 años, madre de dos nuevos adolescentes, de esos que van entrando entre los 12 y 15 años. Lleva 2 años en Oblatos,  regresó para estar cerca de su madre y seguir criando junto con su esposo a sus hijos. “Mi hijo me preguntó que porqué nos movimos para acá (Oblatos), si en Santa Ana estabamos muy bien, ellos podían salir a la calle y jugar, veían un borracho cuando mucho pero no gente drogándose y cosas así” comenta Vero. Desde ese momento comenzó la transformación, el simple comentario de su  hijo creó en ella la necesidad de ayudar a los niños de la colonia. Hace poco tiempo, Vero se apoyó de algunas personas tanto de la colonia como externas con quienes pudo conseguir lo necesario para que una de las casas abandonadas en la colonia, que es propiedad del gobierno,  pueda ser utilizada para que los niños tengan un espacio para la Ludoteca.  Ahora el lugar en el que los niños se dan cita es la planta baja de la “casita del terror”, como le llama Vero.

La casita del terror Foto: MariaJosé Martínez

Al igual que Rigo, ella nos dió un recorrido por la colonia donde apenas unos minutos después de haber caminado, un grupo de chiquillos gritó “¡Vero!”, eran más niñas que niños, entre ellas estaban Wendy, Jaqui y Dulce, tres alegres chamaconas muy deshinibidas que nos adaptaron de inmediato como parte del grupo. Dulce presumió sus tacones nuevos, que’sque le habían comprado ayer, muy mona los traía en su pequeña mochila para cambiárselos en un santiamén  y probarnos como ella caminaba sin problemas aún con ellos.  Se unieron algunos niños, en el camino vimos a Alex y Gustavo, hermanos de 9 y 11 años, Vero nos contó que a su padre lo mataron hace poco menos de un mes y hoy ellos viven a su suerte. En punto de  las 6 de la tarde ambos asisten a la Ludoteca de Vero, se acomodan para pintar con crayones o acuarela, si es la segunda opción tienen que llenar la latita de atún vacía con agua y utilizar sus dedos para comenzar su pequeña obra de arte.  Mientras unos dibujan otros juegan lotería o memorama, y si se aburren le piden a Vero la plastilina.

De rojo, Vero Fotografía: MariaJosé Martínez

Un total de 40 niños que entran y salen de la ludoteca de la “casita del terror”,  en la entrada de ella hay una cartulina rosa con un recorte de Cars que los invita este y todos los jueves a asistir llevando un comprobante de domicilio y un acta de nacimiento. Al preguntar el porqué de los papeles Vero no supo contestar en un principo, o no me escuchó. Insistí y obtuve una sincera respuesta: “Es por puro trámite, hay niños que no sé de donde vienen y para mí es más fácil así saber de dónde vienen o viven, y tener como encontrar a sus papás por cualquier cosa.”

Niños trabajando Foto: MaríaJosé Martínez

En su año de trabajo, Vero ha logrado enseñarles a los niños una nueva forma de ver la vida, aprender a jugar, saber perder y convivir mejor: “Cada que llega un niño nuevo ellos son quien le enseñan las reglas de la ludoteca. -Si te portas mal, Vero te corre- dicen.”, comenta ella. Hoy, el número de niños que asiste semanalmente a la Ludoteca ronda entre los 40 y 50, muchos de ellos van por iniciativa propia. “Han pasado cosas tristes como escuchar a padres que dicen que si matan a su hija por ahí, que a ellos no les importa” afirma.

El trabajo continúa, así como la lucha por que los niños no terminen en las bandas o barrios que muchas veces pasan a ser cárteles del narco. La infancia que se pierde al poco tiempo en colonias donde el tejido social está fragmentado por el rechazo de las autoridades, es un reto para Vero quién sin saber a qué ruedo se enfrentaba comenzó ejercer su poder ciudadano en búsqueda de un mejor lugar donde sus hijos pueden vivir.  Pasado un año del trabajo comunitario, sus hijos no asisten a la ludoteca y celan el cariño de su madre quién ahora cuenta con unas decenas de chiquillos más que la adoptan (sin siquiera ellos saberlo) como una figura a seguir, o ya en lo arriesgado de las palabras, una segunda madre.


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