Los ojos del pequeño burgués

Los ojos del pequeño burgués estaban entreabiertos. La tarea era abrirlos por completo.

¿Quién es el pequeño burgués?, la respuesta a esta pregunta tan elemental y curcial en la vida, honestamente no creo que le sea de todo satisfactoria, ya que si usted entró desde la comodidad de su computadora a leer esta bellísima entrada, usted también puede ser un pequeño burgués.

Por aquí es donde comienza todo…

Me inscribí en el proyecto, la idea de poder colaborar en algo que promoviera la creación de ciudadanos en vecinos de colonias marginadas de la Zona Metropolitana de Guadalajara, me parecía una excelente oportunidad para conocer esa parte de la ciudad que estaba seguro de no conocer en absoluto. Acerté.

Lomas de Tabachines

Seguía el auto de mi compañera de equipo, creí ubicarme por un momento, vuelta a la derecha, luego a la izquierda, todo bien; mentira, me perdí. Pasamos por un panorama de imágenes que iban del Auditorio Telmex y las grandes construcciones de la parte “bonita” del periférico a la colonia Tabachines, una como cualquier otra de clase media en la ciudad. Más vueltas, izquierda, derecha, alto, topes, hasta llegar a un enorme puente que se tenía no solo que cruzar, sino también escalar manejando. Una bajada, subida, vuelta y el panorama cambiaba totalmente: llegamos a Lomas de Tabachines. La pequeña parroquia, los niños caminando por las calles de tierra, casas humildes y deterioradas, un viejo que habla consigo mismo como explicándose algo semidesnudo con pantalones manchados por la tierra y unos zapatos rotos, una estética unisex, y una pequeña casa que funge de tiendita donde la sala, la televisión, y parte de la cocina, comparten el espacio con los estantes de Sabritas y el refrigerador de Coca-Cola.

Conocimos a Doña Irene, más bien, tuve el gusto de conocer a Doña Irene, una de las habitantes de Lomas que participa activamente apoyando al proyecto del ITESO en la comunidad. Después llego Rigo, un jóven de 25 años que hizo de nuestro capitán de viaje en mi primer acercamiento con la colonia: el “otro universo” que ante mis ojos vislumbraba por su dinámica tan diferente a la del pequeño burgués que tengo tan estudiada.

Graffiti de la banda CBS rayado por una contraria.

Como el viejo que hablaba solo por influencia de alguna droga o el alcohol, hay varios personajes o personalidades mejor dicho, niños con una sonrisa inigualable, un joven con un aparente retraso que nos mira con una sonrisa mientras pasamos junto al arroyo de aguas negras que cruza por una de las pendientes de la loma. Mientras tanto, Rigo nos cuenta sobre las bandas (o barrios) que co-existen a nuestro al rededor: Los Chaplin, los Cobra, D1P (De todo un poco), 1FS (De una familia sureña), los Tubos, CBS y Los Pingos. Constantemente existen riñas entre ellos donde la razón principal, según Rigo es “demostrarle al otro que uno es más cabrón que él”. Los integrantes de las bandas son seres humanos como cualquier otro, trabajan de pintores, albañiles, algunos pertenecen a la mafia, como llama Rigo al narcotráfico, ellos se reúnen en el día o en la noche, en la esquina de tal o cual calle, esa que delimitan a través del graffiti donde plasman con el nombre de su barrio el territorio, si uno de estos nombres es rayado o tachado, el rayón va acompañado del nombre de la banda contraria que avisa al contrincante que ese terreno no le pertenece, lo que de inmediato es razón suficiente para un enfrentamiento. Hace tiempo Rigo fue uno de los Tubos y también le entraba a los madrazos, cuenta que cuando se peleaba con alguien y lo veía caer no sentía remordimiento porque lo que existe en ese momento es adrenalina pura, “he sabido de cuates que matan o les sacan el ojo”. Al preguntarle porque dejó a los Tubos responde que comenzó a juntarse con personas mayores quienes le advertían que dejar a las bandas era una buena opción, “estar en una banda es como para quererte adueñar de algo que no es tuyo, por dar la vida por algo a lo que no perteneces” agregó. Desde hace 8 meses Rigo es su propio jefe, instaló una frutería en la colonia donde atiende a todo el marchante que pasa por la calle, sale de su casa a las 4 de la mañana hacia el mercado de abastos para surtirse.

Seguimos caminando y subimos la loma entre escalones improvisados de piedras y algunos bloques de concreto mientras que nuestro guía nos cuenta que la violencia en los barrios o bandas es cosa de todos los días, apenas este sábado a punta de balazos y piedras se pelearon dos bandas a las 2 de la mañana hasta que llegó la policía municipal y calmó las aguas. Hace algunos días, sobre las calles de tierra, arroyos de aguas negras y basureros improvisados yacía el cuerpo de un hombre mayor que murió a causa de la varicela.

(CONTINUARÁ)

En la próxima entrega:
  • Más sobre Rigo
  • El burgués como bicho raro
  • La esperanza
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