La cucharita 


Esa noche ellos se abrazaron.  Bajo las sábanas, con la tibia promesa que a la mañana siguiente todo continuaría, pero a fin de cuentas todo era un juego.  Él se despertó apresurado por el trabajo, entró a bañarse en esa regadera ajena que ya estaba resultando familiar.  Aquel que aún quedaba dormido despertó a los minutos siguientes y de inmediato, al comprobar que su amante ya ocupaba la regadera, emprendió la tarea de hacer un desayuno, así cuando saliera podrían apurarse para ir cada quien a sus deberes, juntos claro está. El que salió de bañarse tomó el desayuno como un gesto simple, como uno cualquiera.  Sin embargo,  el cocinero había creído que era un gesto genuino de amor. Al final cada quién huyó a sus trabajos, el madrugador evitó a toda costa prolongar esa sensación de haber despertado con otro. Al tiempo, se esfumó la esperanza del cocinero de llamar a aquello una noche especial. 

Ya hace un tiempo de eso y es el recuerdo más vívido que tengo de haber despertado con alguien.  A veces se extraña dormir de cucharita, aunque sea sopera, de postre o pozolera.  Mientras termine en la complicidad de un desayuno que se antoje a cena, siempre se antojará. 

De monja a lesbiana: la historia de Getsemaní


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Ya casi cumplimos un año de hacer vídeos y el proyecto ha ido cambiando mucho, empecé yo solo y ahora voy a todos lados de la mano con Getsemaní: la chica que se encarga que las tomas salgan lo más bonitas posibles (con todo y nuestros recursos limitados y algunas de nuestras distracciones).

Para no hacerles el cuento largo, el tema de esta semana fue uno que tardamos mucho en sacar, era un vídeo que estaba ahí en el cajón. Primero que porque el tema no quería salir a la luz, luego que porque dejé de editar y ponerme a chambear. Al final, lo único que me queda por decirles es que quedó un muy buen capítulo de entrevista que sin duda será memorable para el canal. Disfrútenlo.

Please like me o de cómo levantarse con gracia


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Me diagnosticaron enfermo con reposo urgente. Me he enfermado demasiado este año por lo que varias veces ya he pasado a los exámenes de sangre. Es chistoso cuando ya la gente de los estudios de laboratorio ya te conoce, “A ti ya te he visto, ¿verdad?”. En fin, si algo he aprendido del reposo es que sirve para tener jornadas enteras de Netflix sin resentimiento. Y justo en mi reflexión sobre como “cómo entender tus relaciones interpersonales” apareció esta belleza de serie. Se llama Please like me, es australiana y tiene 3 temporadas disponibles en la plataforma de streaming más querida por todos (o al menos por mi).

Please like me cuenta la historia de Josh, un chico de 20 años cuya madre tiene algunos trastornos psicológicos que la llevan a varios intentos de suicidio. Su padre inicia ahora una nueva vida con Mhae una explosiva tailandesa que llena de celos a la madre de Josh. La historia comienza justo cuando la novia de este singular protagonista decide dejarlo, porque él seguramente es gay. A partir de ese momento y como por arte de magia, la vida de este güero y flacucho personaje comienza a cambiar aceleradamente: un chico guapo y musculoso  entra en su vida, así como un sinfín de historias cargadas de ironía, humor negro, romances fugaces, decisiones difíciles y pendejada tras pendejada (perdón, pero eso son).

El encanto de Please like me está en esa extraña mezcla de un personaje protagónico tan adorable como arrogante y situaciones muy comunes rodeadas de una amistad genuina que acompaña todos y cada uno de los pasos de Josh. Las imágenes y los sonidos de la serie también son exquisitos así como los sabores de cada uno de los capítulos, porque tiene usted que saber que cada episodio lleva el nombre de un platillo que en algún momento se comerán los personajes en los escasos 25 minutos de la serie.

Si algo nos enseña esta historia es que así como lo dice su canción de cortinilla “I’ll be fine”, para caerse hay que saber levantarse, una tras otra, putazo tras putazo (por que eso son) y aunque duela, hay que hacer como que no pasó nada para darle vuelta a la página y disfrutar de las simplezas de la vida para despertar al día siguiente bailando mientras hacemos el desayuno.

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Si usted es de esos que en el primer capítulo decide todo y prefiere abandonar el viaje, le prometo que tanto el personaje como la historia completa pasan de un tono sátiro a uno más humano, tocando de cuando en cuando temas más complejos. Si usted es de los que buscan referentes para saber por dónde va la cosa, le puedo decir que Please like me es algo así como el primo lejano de Master of none, eso si, con mucho más humor negro.

Las primeras 3 temporadas están en Netflix y la cuarta actualmente se transmite en televisión estadounidense y australiana a través de ABC.

De pasiones, pausas y reseteos


Llevo días queriendo descargar este sentimiento que me acompaña, no sé si a manera de desahogo o como un recordatorio que pretendo consultar cada que me pregunte porqué tomé ciertas decisiones. 

Noviembre ha sido el mes más extraño de este año para mí. No es por Trump ni por Fidel. Llegué de un viaje que apunta para ser inolvidable y casi coyuntural (si es que la palabra existe). Regresé con la mente hecha pelotas, con conclusiones muy duras, entre ellas las ganas de darle un descanso al video blog de manera oficial. Repensarlo y respirar un poco. Todo esto para darle orden a lo que creo que he intentado hacer durante este año. Y con ello no sólo me refiero a las cosas que publico por acá, en el trabajo, casa, estudios, en cómo estoy ahora y saber si me estoy sintiendo bien, si voy bien.

Siempre he creído que los lugares dicen cosas, y ahora creo que las fechas también lo hacen. Últimamente me viene mucho a la cabeza que hace un año estaba en otro lado, en mente-cuerpo y objetivos. Después de mucho barajear las cartas y repensar el juego, decidí comenzar a apostarle a algo que en estas últimas semanas ha ido tomando más fuerza: mi pasión por hacer que las historias sean contadas, la producción. El viaje me llevó a esta conclusión, no hay otra cosa que me apasione más que participar en un proceso de creación donde se comienza desde cero con la simple y llana intención de contarle a otros una historia que a alguien le pareció interesante, conmovedora y oportuna. Trabajar, caminar y apostarle a algo que no se sabe en qué va a terminar, pero cuando uno menos lo espera hay un día de estreno con la sala vacía a la espera de recibir a aquellos que por primera vez vivirán la experiencia de una historia que promete al menos contar algo.

A inicios de este año una buena familia me adoptó y comenzamos a ver muchas posibilidades para crecer, hacer planes. Me dejaron entrar hasta la cocina y encariñarme de una disciplina que cada día voy admirando más, el circo. Y aunque bien es cierto que no me veo haciendo telas, malabares o clown, sí veo claramente que quiero participar de la fiesta de ese espectáculo que a todos nos promete una cosa, al menos en el imaginario universal, sorprendernos.

Creo que en nuestro paso por la vida debemos nutrirnos de historias, una y otra vez. Incluso más historias que las que vivimos, escuchamos de nuestros amigos o vemos en la calle. Todo para cada uno poder construir un sistema de referencias cada vez más amplio que nos ayude a entender que la belleza de la vida está en la sencillez de su complejidad.

Hace unos días alguien me compartió que una de sus citas favoritas decía algo así como “Dentro de la repetición en la diferencia está el significado”, hoy quizá después de mucho repetirme encontré una diferencia en mi pasión que me llena significativamente esas ganas de querer empezar otra vez.

Así marcho Guadalajara por el matrimonio igualitario


Hace 32 años, en 1985 un grupo de jóvenes gays y lesbianas se unieron para apoyar a una huelga de mineros. El apoyo de la diversidad sexual no fue bien recibido en un principio por este grupo en huelga. Sin embargo, poco a poco ambos se dieron cuenta que compartían algo en común: ser una minoría con una lucha enorme por realizar para consolidar su bienestar. Poco más tarde el ejercito de mineros se vio fortalecido para luchar por sus derechos de la mano de los gays y lesbianas, y la comunidad LGBT en Londres se vio  apoyada de manera recíproca por los mineros.

Hoy en 2016, 32 años más tarde y a más de 8 mil kilómetros de distancia, se cuenta otra historia. Nace el “Frente Nacional por la familia” un segundo intento de los grupos más conservadores de México para movilizar al mero estilo de las campañas políticas, (con lonche, refresco y camiones) a miles de mexicanos que presumen defender a lo que ellos entienden como familia natural.

La lucha que ellos presumen como genuina es un intento desesperado por evitar la reforma al artículo 4 de la constitución mexicana, si, en un estado laico que busca dejar de manera explícita que el matrimonio debe ser igualitario.

Según las cuentas del Frente Nacional por la familia, más de un millón 400 mil personas marcharon al rededor del país este 10 de septiembre para exigir que esto no suceda. Con argumentos como que se implementaría una “Ideología de género” para que los niños pierdan toda noción de su educación y vivan en un limbo donde se les obligará a cosas tan ridículas como vestir de niñas si son niños y así.

Envíos masivos de mensajes de texto a celulares, espectaculares con la leyenda “NO TE METAS CON MIS HIJOS”, páginas web, lonas, flyers, ruedas de prensa y un sínnumero de anuncios por todos lados dieron a conocer en tiempo récord al “Frente Nacional por la familia”. La pregunta del millón ¿con qué recursos? ¿quién les dio mi celular? ¿cuánto cuesta un espectacular? ¿cuánto cuestan 20 espectaculares? ¿Cuánto cuestan las vayas y los parabuses? pero quizá la más importante, ¿por qué en un estado laico la iglesia de manera “sigilosa” promueve estos movimientos? ¿quién puede poner un alto?

28 mil firmantes en Change.org exigieron a la CONARPED una respuesta ante este movimiento que muestra evidencias de incitar a la discriminación y la homofobia con una campaña de desinformación masiva. Y entre todo el texto destaca lo siguiente.

Si bien es cierto que quienes han expresado esta convicción tienen derecho a expresar libremente sus ideas y conservar sus creencias,en también es cierto que en un estado laico y democrático no es aceptable la imposición de ideología o creencia alguna por encima del reconocimiento de los derechos humanos.